Todos debemos recordar los cuentos que leíamos o nos leían cuando éramos pequeños. Esos cuentos que nos ayudaban a dormir y soñar con cosas maravillosas que sólo pasaban en ellos y en nuestros sueños. O aquellos cuentos que nos generaban miles de preguntas y nos hacían repetir mil veces esas tres palabras un poco fastidiosas para quienes nos debían responder, ¿y por qué? , esa pregunta que luego llegamos a odiar cuando nuestros hermanos o primos no paraban de decirla, ¿y por qué?, ¿y por qué?, ¿y por qué?, ¿y por qué?... Seguramente cada persona tendrá su cuento infantil favorito, ese que le despierta mil sentimientos y le trae los recuerdos más bonitos. El mío es Alicia en el País de las Maravillas, y es que yo soñaba con entrar a ese país y conocer al Conejo Blanco, ese que mantenía cogido de la tarde, así como me mantengo yo ahora; conocer a mi “villana” favorita, la Reina de Corazones; volverme pequeña o gigante con solo comer un pedazo de pan; tomar media taza de café con el Sombrerero (y la media sí era la taza, no el café); y… buscar en los arboles la enorme sonrisa del gato Cheshire, el único con rayas moradas y rosadas que haya existido.
Mi amor por ese cuento comenzó en el momento en que mi mamá lo llevo a casa, uno de los pocos días que recuerdo de mi infancia. Y es que… con solo ver el dibujo de la carátula del libro quise viajar a ese lugar en el que las cosas imposibles se hacían posibles y en el que lo más extraño e inimaginable ocurría.Leí el libro tantas veces como pude, tantas como he repetido la película La Vida es Bella. Recuerdo que me encantaba sentarme a ver las imágenes del País de las Maravillas y soñar despierta con un mundo parecido o igual pero que para mí fuera real.
Los cuentos infantiles nos ayudaron a crecer, la mayoría nos dejaban una moraleja para ser mejores personas y aprender a vivir. Por eso, en este momento de mi vida puedo decir que este cuento todavía me sigue enseñando lo que es la vida, o al menos cómo llevarla. Porque así tenga 19 años, esté a punto de convertirme en adulta y esté en sexto semestre; a veces es bueno soñar y huir de los problemas hacia ese País de las Maravillas en donde es posible sentirse pequeño de nuevo y olvidar por un momento el caos de la vida real. Pero… hay ocasiones en las que ese que lugar se vuelve real aún sin tenérselo que imaginar y descubres que cuando estas junto a las personas que más quieres tu vida se convierte en el País de las Maravillas.
Que lindoooo. El mío era, es y será Peter Pan, y mientras tu soñabas con ir a el País de la Maravillas, yo lo hacía con Nunca Jamás. Los cuentos infantiles son lo mejor.
ResponderEliminarPd: Gracias por el reconocimiento, jajaja. Mua
jeje Muy bonito Saris!! Bueno a mi siempre me encantaron las princesas... asi que mi historia favorita siempre ha sido Aladín!
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